La empatía es un microchip

La empatía es un microchip que la Naturaleza

se inventó para que no nos matáramos,

cuando lxs humanxs matábamos de cerca.

 

Afortunadamente, se está acabando el petróleo.

A principios del siglo veinte, en Los Ángeles,

iba todo el mundo en bicicleta,

igual que en China hace veinte años,

y hay mil trescientos setenta y cuatro millones de chinxs

(lo digo sin entenderlo)

pero sí entiendo

que quieran un coche

y una nevera, una lavadora, una secadora, un lavaplatos, una vitrocerámica, horno, microondas, calentador, calefacción, aire acondicionado,

smart TV, macbook, móvil, ipad,

(gibberish chino) y veintiséis

pares de zapatos.

 

¿Qué pasará con el aire

cuando el sueño americano

sea alegre pesadilla en Indonesia,

Brasil,

India,

o Nigeria?

 

¿Qué pasará cuando el aceite de palma que hace

tan cremosa mi Nutella

haya terminado de comerse la selva?

 

Lo confieso: yo no siento compasión por las hormigas;

hay bajo mis pies demasiados hormigueros,

y por eso mismo entiendo que a esas 80 personas

que poseen lo mismo que los 3 billones y medio

de personas más pobres

no les alcance

el microchip,

porque la Naturaleza no había previsto

esto.

 

A mí no me preocupa que se derrita el Ártico

porque los osos polares me den pena,

sino porque la Naturaleza va demasiado despacio

en reequilibrarse tras un sobresalto,

su idioma, si es idioma, debe de hablarse

y escucharse a un ritmo

que no alcanzamos como generación

porque no alcanzamos como especie,

y cuando mi abuela me pregunta

“¿por qué no quieres tener hijos, tontuela?”

no sé cómo decirle que no los tengo

porque sin haber nacido ellos sí entran

en mi microchip, y de qué manera,

y sé demasiado poco del mundo

que les espera,

porque somos demasiadxs

para la vida que demasiadxs quieren,

o queremos.

 

Porque a menudo oigo

la pregunta retórica

“¿Cómo puede ser tan barato?”, la vanagloria

de la ganga como un

mérito

propio.

Tu nacimiento te dio la entrada

a esta orgía de abundancia; no tu mérito,

te han invitado a la ganga

los ríos, el aire, los impuestos evadidos, los veinticinco

millones de esclavos allí (y aquí el salario mínimo),

el mérito es un cuento

para dormir tranquilxs con la ilusión de un mundo

que premia a los justos, los trabajadores, los listos,

Mark Zuckeberg es un puto crápula.

 

La empatía es un microchip que la Naturaleza

se inventó para que no nos matáramos,

cuando lxs humanxs matábamos de cerca.

Es ingenuo pensar que llora el planeta

porque le estemos destruyendo,

ya que lo único que este parásito interesante y molesto

que ha aparecido últimamente

está haciendo

es destruirse a sí mismo,

matándose de lejos.

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2 comentarios en “La empatía es un microchip

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