El cuarto lado del triángulo

Hace doscientos cuatro años
Robert Owen se horrorizó de que los obreros trabajaran
jornadas de dieciocho horas
y propuso la actual / actual \ actual
jornada de 8 horas:
8 horas para trabajar / 8 horas para dormir \ 8 horas para el ocio.

Su propuesta se aprobaría en España ciento dos años después,
hace ciento dos años,
tras 44 días de huelga
de la CNT.

Hoy tenemos aquí a Caroline Dale,
esposa de Robert Owen,
madre de sus 8 hijos 
e hijas.
Güelcome, Caroline.

          Thank you.

Caroline, guat du yu think
abaut thous eight hauers 
for ricrieishon?

          ‘Well, so much depends upon
          una esposa-Sísifo levantando la vida
          por las cuestas de la alimentación y la higiene
          para encontrarse, nuevamente,
          empty stomachs and dirty underwear,
          crying babies and smelly bed sheets.’

Vaya.

          Yes. El triángulo perfecto
          era just for men:
          nosotras, a cambio de love and protection
          no contábamos horas de trabajo
          para que nuestros husbands pudieran tener
          eight hours labour / eight hours rest \ eight hours recreation.

          I am a wife and a mother.
          Taking care of my eight children
          is an act of love.
          There’s no work involved.
          It is not political.
          It is not political.
          It is not political.

Según un estudio alemán de 2014
las horas de sueño son directamente proporcionales
a la clase social.
Porque hay quien sí puede comprar el cuidado.
Porque el dinero permite
(igual que antes estar casado)
saltarse el cuarto lado
del triángulo.

Pero escuchemos las conclusiones
de la Encuesta Nacional de Salud en España de 2017:
“Todos los indicadores de morbilidad neuropsiquiátrica en adultos 
mostraron un gradiente según la posición socioeconómica, 
más profundo en mujeres. 
Esta mayor morbilidad en mujeres y en las clases bajas se refleja perfectamente
en el consumo de psicofármacos 
pero no así en el uso y acceso 
a los servicios de salud
mental.”
   
Si ya hace 16 años que el suicidio mata más 
que los accidentes de tráfico
y por todas partes hay señales y radares para que no se te ocurra ir a más de ciento veinte
kilómetros por hora / hora \ hora;
¿a qué esperamos 
para corregir el error de cálculo
que obvió que existe el trabajo de cuidados,
ese cuarto lado del triángulo?
Dejemos de decir “és que no m’ho atrapo”,
de buscar individualmente la causa del cansancio:
lo llaman “conciliación” como si la vida y el trabajo estuvieran ligeramente enfadados
pero la maestra pudiera llevarlos a un rincón tranquilo del patio
donde decirse “Perdón” y estrecharse las manos.
Dejémonos de fantasías de “necesito días
de veinticinco..., no, mejor ¡de treinta horas!”,
porque ojalá el mercado nunca pueda
decidir la duración de la rotación de la Tierra.

Mirémonos a los ojos
en los pasillos del metro en hora punta:
no somos la secuela 
de the walking dead 
sino de los cálculos
de hombres que no hacían nada en casa.
No puede ser equilátero
porque nunca | nunca | nunca | nunca
fue triángulo.

Imaginemos qué posibles
nos han estado esperando
al otro lado de este cansancio.

Entendamos por fin las matemáticas
de cuidar de la vida y de vivirla:
8 horas para soñar durmiendo
dejan 16 para, despiertas,
repartir entre los trabajos
del dinero y de la vida
y ese tan necesario 
rascarnos la barriga
y lo que nos salga
del cuadrilátero.

Cómo culpar a la víctima (Manual en 6 sencillos pasos)

Festival Elixir de Terrassa el 3/10/2020. Slam “Joglars S.XXI” organizado por Poetry Slam Barcelona. Este poema fue ganador.

Paso 1: Negar la desigualdad

 A ver, los que compran de 2ª mano. No, chata. Si es por rollo vintage, te quedas donde estás. 
Los que compran de 2ª mano por necesidad, ¿sí?. 
Esos, vale.  ¿Veis esa rayita? Pues detrás.
 El complemento por rebuscar basuras funciona 
exactamente igual: 
por moda os quedáis donde estáis, 
por necesidad, detrás de la rayita.
 
 ¿Ya están todas repartidas?
 Vale, os hemos repartido unas muestras de pantone. 
Os lo hemos dejado todo 
bien señalizadito, eh, para que sepáis 
exactamente 
dónde tenéis que ir.  
Y no se vale mirárselo con la palma de la mano, eh, 
que nos conocemos. El pantone 
se mira 
en el dorso.

 Recordad 
que las plazas para discapacitados 
están más al fondo, 
junto a las de los trans 
que se les nota. 
Va, chatos, 
que os va a tocar bajar de un momento a otro.
 Una vez estamos en nuestra zona, 
nos vamos a ordenar por tipo de cuerpo.  
 Ok, nadie se mueve, me dicen que ya bajáis... ¡buen viaje a todos!

 

Paso 2: Negar la agresión

 En el medio del incendio
 coloca a un equipo entero de natación sincronizada.
 Así, muy bien.
 
 
 En el medio del incendio
 'I'm singing in the rain, what a glorious day!'
  
 Negar la agre

 Negar la ag
 la agri
 agr
 ag
 
 
 Aquí no ha pasado nada.
 Aquí no ha pasado nada.
 Aquí no ha pasado nada.

Paso 3. Normalizar la agresión

 Y si hubiera pasado algo,
 oye, chica,
 nadie ha muerto de eso. 

Paso 4. Poner en duda
la realidad de la víctima

 Requiere el mismo esfuerzo
 subir un tobogán
 que bajarlo.
  
 A ver, eso lo sabe todo el mundo.
 
 Lo que pasa es que eres una exagerada.
 Todo te lo tomas a mal.
 Que no es por llamarte histérica,
 pero, sinceramente,
 esto está solo en tu cabeza
 esto está solo en tu cabeza
 esto está solo en tu cabeza
 estás sola en tu cabeza
 estás sola en tu cabeza
 sola
 con tu cabeza.
 
 
 Cuando todo el mundo baila
 al compás del silencio
 es fácil que quien oye
 termine creyéndose sorda. 

Paso 5. Burlarse de los síntomas
que las víctimas de la desigualdad y la agresión
tienen
como consec

 ¡¿Cómo, que no te sabes la coreo?! 

Paso 6. Culpar a las víctimas
de los síntomas

 Ya sabemos que toca nadar.
 Es que algunes tienen incendio en vez de agua.
 No es que sea cruel la desigualdad:
 es que tu agua existe gracias al incendio
 de aquellxs a quienes mandas nadar.  
 Es que hay tantas
 existencias cuyo existir es resistencia,
 que el mero seguir viviendo  
 entre demasiado incendio
 ya tiene  
 un invisible
 mérito. 

Barricada del paréntesis

«Diez minutos no son sólo una sexta parte de un salario por hora; una fracción de diez minutos es un pedazo de ti mismo. Divídete en diez unidades y sacrifica los menos que puedas en actividades sin sentido. Todavía queda mucho por hacer».

Ingvar Kamprad, fundador de Ikea
Interceptar el cielo.
Obviar los espacios vacíos.
(Total, no son.)
Llenarlo todo.
                     El póstumo sopor de los ahorcados
                     que cuelgan de sus vidas.
Volar siempre hacia arriba.
Callar el peso.
Eximir los daños.
Ofrecer la otra
                           cuella.

Llamar a la esclavitud, trabajo,
la oportunidad de mi vida,
ver en el descanso un pequeño
                                                                  egoísmo,

como un libro perdonando a un árbol.

Presumir de yugo. Comparar grilletes.
Ganar
cuando alguien pierde.

Y un marzo no cualquiera, de repente,
que esta alma recién mía no me quepa
en esta recién mía cuerpa,
porque recién mío tiempo;
la alegría de la estenotipia rompiendo
el foco helado del silencio
como charco en forma de corona.

Volver
a ese ver a dios(as) en todas las cosas,
hacer barricada del paréntesis,
ay, sí,
amaneció mientras corríamos en el metro
de lunes a viernes
de lunes a viernes
de lunes a viernes
(¿por qué es ganar
cuando alguien pierde?)
arbeit: trabajo, profanación del cuerpo;
macht frei: os hará libres, libres ¿de qué?

Quedarse adentro y encontrar
en mí, los latifundios 
del pensamiento único,
en mí, los australes
incendios incontrolables,
en mí, el fracking tirando de sueños para aguantar despierta;
tanto equilibrio deshecho,
tanta migración forzada,
tantas especies muertas;
mi mente creyéndose cap-i-tal
y plusvalía y fuerza de trabajo;
la precariedad, el verso suelto de la cadena trófica.

Pero la Tierra mirándome
no sé si como madre, como hija,
como abuela o rehén.

¿Ser útil?
¿A quién?

Tocar el volumen del tiempo recién propio
(cómo pesa en las manos cual cachorro caliente),
aprender
a conjugarlo
pronominalmente:

yo me tiempo
tú te tiempas
él se tiempa
nosotrxs

¡ay!, nosotrxs

no mártires, no sacríficies, no salvádores
de los abismos de la marca. ¡No!

Donde tocamos un muro,
había tan solo dibujada una línea.

Písala, písala,
que no hay tiza que resista los pasos de millares.
Písala, písala,
que tus pasos empujen, como el río crea cauces.
Písala, písala,
que la flor ama al fruto con certeza de antes.

Písala, písala,
porque esta justicia del derecho al tiempo,
ya llega sobradamente
                                        tarde.

Caza de grandes

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A Silvia Federici

Éramos más grandes
porque aún no nos habían arrancado
tantas partes.

Hay que dividir lo grande
para vencerlo.

Nos dijeron: “no eres el agua
no eres el viento
no eres la piedra caliente un día seco
ni la raíz que se abraza a la tierra
como si de ello su vida dependiera
no eres el pájaro que tiembla
no eres la hoja que deja de ser hoja
para ser, de nuevo, tierra,
no, no eres la tierra”,
nos dijeron.

“La tierra no eres tú. No somos tierra.
Tenemos tierra.
Algunos hombres
tenemos tierra”, nos dijeron.

Y, así,
pequeñas, pequeñas, pequeñas.

Nos dijeron: “no eres
las estrellas,
no eres tampoco el húmedo cántaro de la noche
volcado sobre el tiempo,
no eres el tiempo,
el sol y la luna no son de tu familia”,
nos dijeron
“qué magia ni qué niño muerto”,
“astros y satélites de materia obediente,
como tú, sí, obedecen
leyes predecibles,
sordas, mudas”,
“sí, se miden”,
nos dijeron “el sol y la luna no os escuchan
no os escuchan los ríos ni las rocas
ni las montañas”,
“solo lo que tiene orejas escucha,
solo lo que tiene explicación existe,
solo hay una explicación, la nuestra,
y os la daremos
cuando podáis entenderla, pequeñas,
pequeñas, pequeñas.”

Nos dijeron: “tampoco
eres más de una, es decir, no eres
tus vecinas, tus primas, tus tías
ni ninguna de tus compañeras”.
Nos dijeron: “desconfía
de las otras mujeres, quieren
quedarse con lo tuyo, lo que no se es
pero sí se tiene. Lo tuyo. No de ellas.”

Y, así,
pequeñas, pequeñas, pequeñas.

Para que ocupáramos aún menos espacio,
nos dijeron: “no eres tu vientre
y tampoco, cada treinta y dos días, su ofrenda”.
Nos dijeron: “no eres tus tobillos flexibles
ni el blanco de dentro de los codos
ni el bello césped de las pantorrillas”.
“No eres la médula que te ata a la vida.”
“No eres el órgano muscular hueco
a la izquierda de tu pecho.”
“No eres tu cuerpo, pero te dejaremos
tenerlo
con la condición de que se parezca a… esto.”


Y, así,
pequeñas, pequeñas, pequeñas.

No quemaron brujas en la hoguera.
Quemaron el ser cuerpo, el ser tribu, el ser tierra, el ser estrella.
Quemaron la grandeza
de existir
unidas y completas.

Llamaron Edad Moderna
a los siglos en que centenares de miles
de mujeres murieron en la hoguera;
a los siglos en que continentes enteros
fueron arrebatados de su tierra;
lo llaman, aún, Edad Moderna
descubrimiento de América
capitalismo primigenio
método científico
racionalismo cartesiano

pero recuerda, recuerda
que fuimos grandes
antes de que nos arrancaran
en la mal llamada Edad Moderna
tantas
partes.

Érase una vez un mundo

Festival Tectònic | 1 noviembre 2020

Érase una vez
un mundo líquido.

Cada 3 años
tenía lugar la descongelación
de los alquileres. Los contratos laborales
de 7 días
aumentaron un 98,5%
en una década.
“Temporalidad estructural”, lo llamaban.
Como si pudieras edificar tu vida
sobre una columna de agua.

Érase una vez
un mundo líquido.
Desde sus sólidas burbujas
el 1%
nos recordaba que las raíces pesan,
sus sirenas cantaban las bondades
de la piscina prometida:
¡sé libre! ¡emprende!

El adjetivo latino uber, uberis
significó copioso,
abundante, fecundo,
fértil.

Pero aunque al app-patrón
tu vida le resbala;
hey, ‘rider’
suena tanto más cool
que ‘proletario’…
La movida en los 80 nos había enseñado
que era de cutres militar
en cualquier sindicato.
Lo guay
era ser líquido:
ponerte hasta el culo,
follar
y que las olas borren sus nombres de tu almohada,
¡sé libre! ¡comparte tu casa!
¡sé libre! ¡cambia de co-working!
¡sé libre! Libre, tú; no tu tiempo.
Tu tiempo libre dedícalo a algo productivo,
mejora la fuerza de trabajo del 1%. El cansancio
es una enfermedad. Sólo existe el entusiasmo.
Be water, my friend.
¡Sé libre! ¿Te pesan esas sólidas cajas? Alquila tu trastero con Bluespace.
Bluespace, Clearblue, Clearblue, PP…
Porque este azul es azul como el mar ¡azul…!
No te cabe nada sólido en casa
porque no tienes casa,
pero ¡sé libre! ¡vete a vivir a Australia!
Estudia un máster con dinero a crédito y que rinda
en Alemania,
porque los vínculos largos son el tema perfecto
para emotivas campañas navideñas,
pero resecan
el ‘progreso’.

Así que
acumula experiencias como quien achica agua
de una balsa de maderas separadas.
Acorta
tus raíces. No pises
la tierra, o descubrirás que es playa,
y no es sólo el ártico
que se deshiela, que también;
es que olvidan que ¡no tenemos branquias!

Las mareas son inevitables,
no así el sistema.

Primero, nos quitaron la tierra.
Después, nos quitaron el tiempo.
Y ahora, ahogadxs
de libertad de náufragxs,
destejen las redes
que han de salvarnos.

Mis amigxs: tierra.
Mi pareja: tierra.
Mi familia: tierra.
Mi trabajo: tierra.
Mi slamilia: tierra.
Respiramos
vínculos.
Sólo juntxs nos temen.
Cuidémonos lxs unxs a lxs otrxs
como nunca nos ha cuidado
el narrador de este cuento macabro;
seamos horma en su zapato de tormenta;
que llueva
tierra,
es hora de reconocernos
animales sociales y terrestres:
competir
un hábitat impuesto, no un gen de la especie.

Érase una vez
un mundo
nuestro.

The Invasion


On the day Jair Bolsonaro was elected President of Brazil, I had a bit of a breakdown in the subway, where the passenger travelling next to me kept having VOX adverts while he scrolled down his Facebook feed (VOX is a fascist Spanish party). When I got home, in desperate search for hope and meaning, I wrote this piece.

I first performed this poem at the European Championship in Budapest (Hungary), where I came 2nd and won the Jury Award.

On Saturday, July 15th, 1944
Anne wrote:
“In spite of everything
I still believe
people are good at heart.”


She died seven months later.


I once wrote Anne Frank a very excited letter
(back when I was her age)
telling her what word processors were.


And I miss her today.


Today, October 29th 2018,
I am afraid of what she’s thinking,
wherever she is,
she who wrote: “Look at how a single candle
can both defy
and define
darkness.”


What have we learned?
Where have we gone?


Anne, did you know
darkness had no walls.
I assumed it would have walls,
limits, that it would be conquerable,
that Unamuno did say:
“Venceréis, pero no convenceréis.”

Miguel,
¡están convenciendo…!

They’re not just winning, they’re convincing
because truth
is the first casualty in war,
isn’t it, George?
and our hands holding the light
against this growing dark
feel more and more like we are
drawing a sword
that’s a splinter,
the dark’s getting thicker,
the dark started the war and blamed the light
for being violent,
our words were ripped off our bodies.

Difference is not a threat.


Insecure men
successfully climbing on top of high fears
advertise a puppet theatre called Certainty.
Louder: Certainty!
Louder: Certainty!
Louder: Certainty!
Outside it, Otherness becomes
such a convenient dumpsite.
The invaded get called invasion.
The clouds blame the rain
and forget that they too are made of water.

I try to remember the hope,
that stone of hope you dreamt you hewed
out of the mountain of despair, Martin.
I try to remember that vulnerability
and strength come from the same source, Judith.
I try to focus my eyes and read your words
but the masses are tilting the boat,
like they’ve forgotten we can’t swim.

How did you cope?

Can our bodies together mend the bruised?
Are we seeing darker clouds because our eyes
were ready for brighter lights?
Is this the aftermath
of the secrets that held together
the rules of a few
over the power of all?
Is hope
optional?


Is there an arrow across History?
Does it point
somewhere
livable?

Moving hurts, Rosa,
but move we will.


It’s not an invasion.
Our movement
is not just expanding.
It’s that we’re starting
to occupy
our space
as the light
both defies
and defines
the darkness.


We cannot invade
what should have been shared in the first place.

¡Devolvednos las palabras!

Vídeo de la ronda final del Campeonato Europeo de Poetry Slam, en Budapest (2018).
El poder es la capacidad de un determinado grupo para imponer su verdad.
El poder es la capacidad de un determinado grupo para imponer.
El poder es la capacidad de un determinado grupo.
El poder es la capacidad.
El poder es.
El poder.
Él.


Pero ha madurado la mentira,
tanto, 
que se pudrió.

Reconozcámonos, pues, gusanos
descomponiendo
la implacable narrativa que nos cuenta nuestras vidas
dibujadas desde arriba.

Romperemos cada palabra que nos cuent -en
para mirar detrás,
porque leer la vida como la cuent -an,
confiando
en la narración omnisciente del sistema
era más fácil, sí,
era más cómodo,
era muchísimo menos engorroso;

pero ha madurado la mentira,
ahora sabemos que es podredumbre,
que apesta a incierto el alcance
de este poder vuestro,
que el olor a muerte penetra
cada fibra, cada almohada,
los poros de cualquier periódico.

No es post-verdad, es mentira,
es mentira, 
es mentira,
es mentira:
es violación, no abuso;
es violencia, no proporcionalidad;
es democracia, no sedición;
es idealismo, no terrorismo; 
es debate, no incitación al odio;
es expresión, no crimen;
no es crisis, es estafa.
¡Devolvednos las palabras!

Es que el Estado en vuestras manos haya dejado de cuidarnos,
para dejarnos 
de lado, alimentando en lugar de controlar  
al kamikaze imparable del mercado.
La soberanía era nuestra;
sois nuestros mandados.

Por qué


cómo


quién


cuándo

dejamos que que nos adormecierais
de puro cansancio
con cuentos de más: 
más productivo, más formado, más guapísima, más bronceado, más gimnasio, más terapia, más flexibles, más móviles, más tú, más tú, más uno,
+1+1+1+1+1+1+1+1+1+1+1...

¡Ah! Y no olvidemos los 0.
Es un sistema 
binario:
hay quienes sí pueden ser uno,
hay quienes no pueden ser nada.
Y así nos separan:
+1+1+0+1+0+1+0+1+0... 

Ese
es el truco:
¡se tarda tanto en sumar ceros y unos!

Y así dejamos 
de ser pueblo.

Si es que alguna vez fuimos pueblo.
(Confundo recuerdo con sueño.)

Pero aunque nuestro cerebro
proteste ante la incerteza

y aunque nuestra empatía
siga así de pequeñita

y aunque nuestra atención
no sea Sol, sino estrellas...

sí huele a vida el encuentro.
Maduró la mentira podrida.

Se quedan pequeños los unos,
se quedan pequeños los ceros,

y sumaremos hasta que no puedan contarnos 
cuentos,

porque las palabras eran como el Estado,
porque las palabras eran como la vida:

nuestra,
com -partida.


Es hora de odiar a las cosas por su nombre

Marcos, a sus tres años,

ha aprendido a decir una sola palabra:

hijoputa.

Hijoputa.

Hijoputa.

Hijoputa.

Hijoputa.

 

Según el cuarenta y cinco por ciento de las charlas TED

cada individuo es dueño de su propio destino

y el adulto que Marcos será

tendrá libertad absoluta y responsabilidad absoluta

de su éxito

o fracaso.

 

Hijoputa, hijoputa.

 

Como si el sistema fuera neutro.

 

Hijoputa, hijoputa.

 

Como si la sociedad fuera justa.

 

Hijoputa, hijoputa.

 

Como si las víctimas de la violencia estructural,

encima,

tuvieran que soportar el peso de ser verdugos únicos

de su propia desdicha.

 

Sistema, si existes, mírame

y dime que no tienes nada que ver

con la vida de Marcos.

Dime que la carencia tiende a generar paciencia

y no violencia.

Dime que los horarios

(o la falta de ellos)

de sus padres, dime que sus sueldos

(o la falta de ellos)

no le afectan. Dime que los individuos

de tres, quince, o cuarenta y siete años

son immunes

a ti, sistema.

 

Como si existiéramos flotando

sobre una pared de palets blancos

y macetas de Ikea.

 

Es hora de odiar a las cosas por su nombre.

He venido a decirles a los padres de Marcos:

tenéis todo el derecho del mundo

a estar cabreados.

El sistema se ceba con vosotros en una sala de espera

de la clase media

donde no reparten números

desde hace décadas.

 

No os voy a hablar del karma,

no voy a pediros

que respiréis y penséis en positivo

a ver si se os pasa.

 

Porque lo que sentís no es wonderful,

pero sí legítimo.

 

Porque os veo

caminar tensos, como granadas

prietas antes de estallar, oigo la puerta

tras vosotros y el grito,

la metralla,

la abuela que sube a consolarla,

las bolsas de basura siempre en el pasillo con trozos

rotos

de cosas robadas,

y la risa nerviosa de la hermana mayor

en la trinchera fría del balcón.

Y sí, yo entiendo que haya rabia,

pero la rabia ha de servir para crecernos,

hacernos grandes, la metralla

es presa de la gravedad y baja,

de ti a tu mujer, de tu mujer

a la mayor, de la mayor

al mediano y del mediano

al pequeño Marcos.

Hijoputa.

Hijoputa.

Hijoputa.

 

La rabia es una arma cargada:

no disparéis en casa.

 

Merecen esa rabia

quienes dicen que la vida es justa

cuando nombra un ganador:

 

 

“Un día, la rabia saldrá de las casas

de los barrios donde nunca habéis estado,

nos sabremos esclavas y esclavos,

dejaremos de odiar hacia abajo,

y el miedo, ese que enviasteis

para que nos controlara,

cambiará de bando.”

El Imperio de la Normalidad

El Imperio de la Normalidad

Constitución

Artículo I.

Amor: sentimiento de atracción física y/o dependencia emocional hacia una sola persona del sexo opuesto que empieza con enamoramiento y dura toda una vida. Tras un periodo de prueba o noviazgo los sujetos amorosos deben jurarse fidelidad ante una institución competente, en presencia de sus familias de origen (que pasan a fundirse en una sola, con opción a pasar Nochebuena, Navidad y/o Sant Esteve) y pasar a convivir juntos en preparación para la procreación que garantice la supervivencia de la especie. En contextos de superpoblación y escasez de recursos naturales la primacía de la procreación se mantendrá inalterable. Se recomienda el uso de expresiones enfáticas tales como “Es lo mejor que me ha pasado en la vida” para referirse a la pérdida de libertad individual asociada a la procreación.

 

Artículo II.

El sujeto deberá rebozarse en miedo a la soledad y/o a sí mismo, llevando la angustia como un perenne ruido sordo que le acompañe. Para acallar dicha angustia se recomienda la realización de actividades deportivas o, en el caso del balompié, su visionado en tiempo real junto al resto de miembros de la comunidad. Para el sexo inferior, en cambio, se recomienda la contribución a la sociedad de consumo adquiriendo productos que modifiquen su aspecto mejorando así su valor de mercado.

 

Artículo III.

Los sujetos intercambiarán su tiempo por dinero para así poder usar su dinero en ahorrar tiempo para poder seguir intercambiándolo. El tipo de cambio dinero-tiempo fluctuará en función de parámetros no estipulables, dado el carácter fundamentalmente abstracto del término equidad.

 

Artículo IV.

Los medios de comunicación de masas recordarán éstas y otras normas de convivencia de la civilización avanzada a los sujetos en caso de necesidad.

Para todo lo demás, MasterCard.

 

Deposición adicional.

En caso de que estas normas de convivencia de la civilización avanzada no lleven al individuo a un estado de satisfacción general, se culpará al individuo. El Imperio recuerda que la enfermedad mental es un cómodo paraguas para aquellos casos de resistencia al pensamiento único. El individuo podrá optar entre sentirse mal consigo mismo por no alcanzar la felicidad pese a haber adquirido toda la colección de productos Mr Wonderful, o buscar la salvación en el amor romántico (véase Artículo I).

 

Deposición final.

Los derechos de los sujetos estarán sujetos a un cálculo en función de su adscripción sin reservas a los preceptos contenidos en esta carta de derechos.

 

A continuación procederemos a cantar, todos juntos, el Himno del Imperio:

Glorioso imperio de la Normalidad

que defines qué es ser humano,

hombre, mujer, enfermo y sano,

fuerte, débil y anormal.

Quiénes somos los ciudadanos

para saber qué nos da felicidad,

suerte que muestras poder supremo,

glorioso Imperio de la Normalidad.

Magia

Cuando se explica el truco, la magia desaparece.

Emi Pastor e Ibai Abad, Gabriel

Si la magia es el arte de desviar la atención

mientras el mago engaña,

por qué no llamar magia

 

al debate sobre si ese sexo en el metro fue pecado

u escándalo

en vez de debatir si esa chica no estaba

demasiado ebria para decir sí

o decir no, y comprender por fin

que si alguien no es capaz de decir sí

es no.

 

Por qué no llamar magia

a que Europa neoliberadamente gire la cara

al lado trágico del Mediterráneo.

¿Por qué, por qué no llamar magia

a que lo importante de un smartphone

sean los megapíxeles, el precio,

y no las violaciones en masa

en las guerras del coltán?

 

Magia

es que nadie sepa explicarte

cómo se crea un euro de la nada,

magia es que paguemos

intereses por algo que nunca

el banco tuvo antes de prestarte,

magia

es que la deuda supere el dinero que existe

y que devolverla sea matemáticamente imposible

si la magia es el arte de desviar tu atención

mientras te engañan,

por qué, por qué no llamarlo magia.

 

Confieso que temo a los magos.

Les temo cada vez que asumimos como propia la derrota

de no ser capaces de cumplir

de la magia todas las normas:

cada vez que en lugar de error del sistema,

vemos siete mil

millones de derrotas.

 

Porque me temo más

a mí.

Nos temo más

a nosotrxs.

Sí, temo

que los magos nos conozcan demasiado,

temo que lxs espectadorxs de este nefasto espectáculo

no hemos crecido lo suficientemente rápido

para entender los trucos de estos magos,

maldigo mi amor al prójimo siempre insuficiente,

maldigo el sistema que me tiene tan cansada

que cuando termino mi jornada laboral

necesito series,

no análisis.

Porque es muy cansado

a todos los niveles

estar bien informadx.

 

Porque es cómodo

(a este lado del Mediterráneo)

creer en la magia.